¿Quién eres tú, cuando dejas de ser yo?
Se llama Pyrhuq, y a través de su cuerpo fue como aprendiste a amar de nuevo tu mundo.
Se llama Pyrhuq, y a través de su cuerpo fue como aprendiste a amar de nuevo tu mundo.
Está sentado tranquilamente, pensando, con la vista perdida en la Luz sabe qué, reflejando con cada una de las escamas de su cuerpo incontables facetas diferentes de la realidad que os rodea, por todas partes. Pero tú ya sabes algo de qué o quién es Pyrhuq, porque has soñado que eras él, o ella, antes de llegar hasta aquí. Sabes que es un asrial, que tú una vez fuiste un asrial, aunque ahora seas un gnomo. Sin duda es extraño, y es algo que no has compartido con nadie, ni siquiera con Pyrhuq.
Recuerdas sueños de formas neblinosas en los que caes, sueños en los que los recuerdos de quién eres ahora surgen fluctuantes y orgánicos, entrelazados a cada palabra, cada olor y cada visión, en cada sonido. Normalmente intentas evadirte de esos recuerdos de sensaciones perturbadoras. Eres, y siempre has sido Keryan, el gnomo. Pero, a veces, en la soledad de la noche, contemplando la luz de las estrellas amarillas a través de la ventana redonda de tu hábitat, te preguntas si alguna vez dejaste de ser del todo Pyrhuq. Te preguntas por qué estáis unidos, y desde cuándo.
Recuerdas sueños de formas neblinosas en los que caes, sueños en los que los recuerdos de quién eres ahora surgen fluctuantes y orgánicos, entrelazados a cada palabra, cada olor y cada visión, en cada sonido. Normalmente intentas evadirte de esos recuerdos de sensaciones perturbadoras. Eres, y siempre has sido Keryan, el gnomo. Pero, a veces, en la soledad de la noche, contemplando la luz de las estrellas amarillas a través de la ventana redonda de tu hábitat, te preguntas si alguna vez dejaste de ser del todo Pyrhuq. Te preguntas por qué estáis unidos, y desde cuándo.
Ahora lo contemplas absorto en sus pensamientos, con la mirada perdida en la verde enormidad de los cielos del mundo. La despedida está cercana, y el amor que instantáneamente sentiste por un ser tan diferente pero a la vez tan cercano a ti te ahoga como un río salado en tu corazón.
Con Pyrhuq vino la magia. Como un mensajero enviado por los dioses, el ser de escamas de cristal coloreó vuestro mundo para darle verdadero significado y rescataros de vuestros últimos días. Porque tan sólo vivíais treinta gnomos en el mundo conocido, por aquel entonces. Y ahora sois aún menos. Pero tenéis esperanza.
Nacidos como brotes del Gran Árbol, pequeños seres de rasgos tan humanos como arbóreos, los gnomos crecéis poco a poco, durante un tiempo total de vida al que, para entendernos, podríamos llamar de siglos, arraigados al Gran Árbol durante los primeros de esos años. Hasta que, un día, tan desarrollados y fuertes como un pequeño ser humano, tiráis de vuestras recién formadas piernecitas y las sacudís del humus de la tierra arbórea, para por fin caminar por el mundo, como seres independientes, curiosos y hambrientos de luz del sol, lluvia y conocimiento de las cosas...
No sabéis quién fue el Primero, aquel a quien en vuestra religión llamáis el Pastor de árboles, que cuidó a los que vinieron después para que crecieseis fuertes y sanos hasta el momento del Desarraigo. Vuestras obras de filosofía y conocimiento siempre le dan vueltas a este y otros temas, como la naturaleza de vuestro mundo y el qué puede haber más allá del verdeante cielo.
Contemplas a Pyrhuq, anhelando encontrar en su mirada una comprensión de lo que ve que vaya más allá de las palabras. Recuerdas el día en que "cayó" del cielo. Alat te llevó corriendo, presa de una excitación y un fervor contagiosísimos, casi en volandas, hasta la Desembocadura del río en El Lago, y allí lo viste, lo sentiste por primera vez, acurrucado, alas y extremidades conformando una suerte de huevo de escamas de cristal que reflejaban las mortecinas grietas de la luz crepuscular del ocaso. Al momento caíste presa de una terrible enfermedad... poco recuerdas de aquello. Una sensación extraña, parecida a la del Desarraigo, si no fuera porque ningún gnomo debería recordar su Desarraigo, una pérdida de conciencia más allá de la conciencia, y un despertar a un nuevo mundo, lleno de nuevas esperanzas. Porque, como hemos dicho, en aquel entonces sólo quedabais treinta de los vuestros en el mundo...
Durante mucho tiempo los más sabios de El Lugar se habían preguntado por la naturaleza de vuestro sitio en el esquema de las cosas dentro del Gran Árbol, de cómo sería posible viajar más allá de vuestro pueblo en busca de otros posibles gnomos..., pues algunos, tú entre ellos, habíais llegado a la conclusión de que las pequeñas y distantes luces cálidas y amarillas que en cada vez mayor número aparecían entre las nieblas del cielo durante las oscuras noches del mundo, eran las luces de hábitats de otras comunidades del Gran Árbol, con seres como vosotros, pensando quizá, en quién habitaría en torno a vuestra propia luz nocturna. Quizá no estabais solos en el Gran Árbol. Y aquella era una idea excitante.
Teníais la escritura y la magia de las palabras para ayudaros... aunque ninguno de los vuestros sabía a ciencia cierta de donde venían... quizá las dejó tras de sí el Pastor. Y por la magia de las palabras vivíais y descubríais poco a poco la realidad del Gran Árbol, tan vasta como para entreteneros durante siglos de vida, durante los cuales, sospechaban los sabios, y os enseñaban en las escuelas, era vuestra misión encontrar la forma de terminar con el aislamiento de El Lugar.
Porque un día el primero de los vuestros dejó de ser. Y eso era algo que nunca había pasado antes en toda la historia de El Lugar...
Los más ancianos de vosotros, los primeros nacidos, iban menguando en tamaño y estatura, perdiendo más y más rasgos terrosos, y la verde fibra vegetal de los cabellos (para hacerte una idea de cómo es un gnomo, imagínate una especie de elfo con rasgos arbóreos, piel verdosa y cabellos vegetales, con iris del color verde de la clorofila, imagínate viendo ahora mismo tu reflejo en El Lago), hasta perder toda memoria de sí mismos tras mil años de vida, y volver a arraigar en el suelo, para metamorfosearse en una especie de semilla alada con diminutos rasgos humanos que saltaba súbitamente para volar lejos, hacia las alturas del Gran Árbol...
Los Tres Ancianos dedicaban interminables tertulias en sus cómodos y acojinados hábitats a la cuestión de por qué ahora, justo ahora, habían empezado a "marcharse", a morir, en torno a los mil años, los primeros de los vuestros... ¿Por qué tantos a la vez llegaban al milenio y sufrían aquel extraño proceso, aquella metamorfosis? Toparse con algo así para una cultura sin duda tan joven, que llevaba apenas siglos en el mundo y que ni tan siquiera conocía la muerte por el paso de los años, fue un golpe de una dureza difícil de imaginar para El Lugar, y os sumió a todos en una tristeza contagiosa, hecha de sentimientos de pérdida de todo lo que una vez había sido. Pero entonces llegó el ser de escamas de cristal. Llegó Pyrhuq. Y lo cambió todo.
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